El pasado lunes 29, fue celebrada la Solemnidad de los apóstoles San Pedro y San Pablo, en la catedral Nuestra Señora de las Mercedes, con una eucaristía presidida por Monseñor Luis Eduardo González.
La solemnidad de los apóstoles Pedro y Paulo, es también conocida como fiesta del Papa, y se trata de una jornada dedicada a orar, por el sumo pontífice reinante; en la actualidad el Papa León XIV.
En la homilía Mons. Luis Eduardo, destacó la personalidad y misión de ambos apóstoles: “a San Pedro, Nuestro Señor Jesucristo lo designó como la cabeza de la Iglesia naciente diciéndole ‘tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo’. Por lo tanto, de este modo, aquel humilde pescador de Galilea, llamado Simón Pedro se transformaría a instancias de Jesús, en pescador de almas y sería la autoridad máxima de esa Iglesia que, desde sus orígenes, no podrá ser derrotada hasta por sus más tenaces adversarios “.
El obispo diocesano continuó reflexionando: “ciertamente el Divino Redentor eligió a Pedro como el primer papa, al ver en él su firmeza y convicción al afirmar que Jesús era el Mesías, el Hijo de Dios. Era un hombre de una fe vibrante que reconoció pronto que el Señor era el único camino, aunque no lo entendiera siempre.”
“Por su parte, el apóstol Pablo no había sido discípulo de Jesús, incluso fue un cruel perseguidor de los primeros cristianos, ayudante en la muerte de San Esteban. Cuando en el camino de Damasco fue derribado por Jesús, su rápida inteligencia iluminada por la gracia rápidamente reconoció al Señor, se entregó a Él, y se transformó en el coloso que regó con su esfuerzo y su sangre la semilla del cristianismo por los pueblos gentiles. Supo ser lo sufucientemente flexible, para abrirse más allá de los límites del mundo judío, y evangelizar todos los pueblos, sin descaracterizar las verdades y testimonios de Nuestro Jesucristo.”
“Ambos fueron unos colosos, porque Cristo vivió en ellos, a ruegos y por la mediación de María Santísima. Roguemos a ella la glorificación de esos grandes apóstoles; roguemos a Ella la glorificación de la Iglesia de la cual son columnas San Pedro y San Pablo”.
Al término de la homilía, Mons. Luis Eduardo, se refirió al eventual viaje de León XIV a Uruguay: “no debe ser tomado apenas como una visita, sino debemos valorar su mensaje, sus enseñanzas, sus gestos y testimonio del sucesor de Pedro y del Vicario de Cristo en la tierra.”
El P. Germán Celio y el diácono Aníbal Arroyo, acompañaron al obispo diocesano, en la celebración eucarística.