Desde todos los sectores políticos del país se expresaron con dolencias por el fallecimiento del veterano líder que había transformado su vida de guerrillero en partícipe del proceso democrático a la salida de 15 años de cárcel que comenzó en 1964.
Mujica, tres veces detenido y dos veces fugado de la cárcel, tenía en su cuerpo varios de los seis balazos que le llevaron a estar cerca de la muerte.
Fue diputado, senador, ministro y presidente y su personalísima forma de vivir captó la curiosidad de la prensa mundial que no terminó de comprender su elección de chacrero, más que estratega político. Prácticamente se llevó bien con los presidentes de todos los signos políticos y su vida, eternamente al lado de su esposa Lucía Topolansky, se extendió hasta el día en que pronunció a los periodistas la recordada frase "Me estoy muriendo, espero y pido que me dejen tranquilo".
La revolución y la militancia fueron costados indisolubles de una misma vida iniciada en su nacimiento el 20 de mayo de 1935 y continuada a la muerte de su padre a los 8 años, cuando le tocó trabajar para ayudar a su madre a mantener la familia. En un par de reportajes donde se le recordó esa etapa, fue quizá la única en que su voz se quebró y sus lágrimas brotaron, producto de un dolor que supo disimular a lo largo de los años.