Cuando el Instituto de Regulación y Control del Cannabis lanzó dos variantes del producto con más concentración de THC (la sustancia psicoactiva) el resultado fue que la demanda superó a la oferta y en cuestión de horas los locales se quedaron sin abastecimiento.
Primero salieron al mercado las opciones Alfa y Beta, ambas cuentan con menos de 9% de THC (la sustancia psicoactiva) y más de 3% de CBD (que se usa para aliviar el dolor). Luego vino la Gamma con hasta 15% de THC (y menos de 1%) de CBD. Y en los últimos dos meses de 2024 se inició la venta de Épsilon (con hasta 20% de THC). Es decir: cada vez se ofrece un producto con más efecto psicoactivo y cada vez los usuarios prefieren más esas variantes.
En solo dos meses en el mercado, la variante Épsilon se vendió más que la Alfa o la Beta en un año entero: 359 kilogramos (frente a 325 de Alfa y 240 de Beta). Al tiempo que la Gamma casi duplicó a las variantes más “suaves” (2.254 kilogramos). Así lo muestran los datos del IRCCA al cierre de 2024.
Esa preferencia de los usuarios empezó a tener sus impactos. En menos de un año creció en 10.000 personas el registro de adquirentes en farmacias. Antes de la existencia de las variantes con “más pegue”, solo cuatro de cada diez de los usuarios registrados iba a la farmacia y compraba (aunque sea unos pocos gramos al año). Ahora lo hace más de la mitad del listado.
Como consecuencia de esta demanda, las empresas cultivadoras casi dejaron de producir Alfa y Beta. De hecho, la variante Épsilon es “la gran apuesta” de este año.
El perfil de los compradores en clubes cannábicos son bien distintos a los de farmacia; (en los clubes la mayoría retira los 40 gramos mensuales), entre los de farmacia hay variedad de edades y de intereses .
El psicólogo Richard Rodríguez, quien está escribiendo su tesis doctoral sobre el vínculo entre el consumo de marihuana y la psicosis afirma que el Porro no es inocuo. Los datos preliminares de su estudio van en sintonía con la literatura científica internacional: existe una correlación entre consumo de cannabis y las chances de desarrollar un brote psicótico (un error en el juicio de la realidad).
Los estudios internacionales —como uno canadiense que estos días encabeza las discusiones científicas tras haber seguido las consultas a emergencias de más de 9 millones de personas— apuntan a que aquellos que consumen marihuana tienen más chances de luego consultar por una psicosis (incluyendo esquizofrenia). Esas posibilidades se incrementan cuando se consume desde más temprana edad, con más frecuencia y más dosis.
El THC, a su vez, es dentro de los cerca de 100 canabinoides que tiene la planta de cannabis, uno de los que tiene más correlación con mayores síntomas agudos vinculados a psicosis.
Cuando se consume marihuana, el THC actúa sobre sitios moleculares específicos en las células del cerebro llamados receptores de cannabinoides. Altera el sistema nervioso y eso produce cambios. La ciencia ya comprobó que el THC afecta áreas de la memoria y la capacidad atencional (por eso en el tránsito se controla la presencia de la sustancia porque incrementa las chances de accidentes viales). Pero no está tan clara la conexión con la psicosis más allá de la correlación. Y eso es lo que se quiere averiguar en Uruguay, aprovechando el “experimento” uruguayo de haber sido el primer país en el mundo en haber regulado y controlado todos los usos del cannabis.