Mañana domingo a las 20 horas en el Teatro 28 de Febrero, se pondrá nuevamente en escena Los Bemoles de Madame Florence, por el Elenco Enrique Guarnero.
La trama de la obra marca que loca por el canto lírico, quería ser una prima donna, pero estaba impedida por la negativa de sus padres ricos, que no veían condiciones en la muchacha para el canto, aunque sí era un gran pianista.
La muerte de sus padres, ya cuando Florence tenía 60 años, le dio una mayor libertad y los recursos adicionales para seguir su anhelada carrera operística.
Florence Foster Jenkins nunca dudó de su talento ni de sus progresos. Siguió trabajando y haciendo lo que le gustaba. Se involucró en la vida musical de Filadelfia, fundando y financiando el Club Verdi, tomó lecciones de canto y comenzó a dar recitales privados en 1912. Los invitados eran seleccionados y el público se moría por acceder a las codiciadas entradas.
Entre 1930 y 1944, la cantante grabó 5 discos, que rápidamente fueron catalogados como divertidos y se convirtieron en objetos de colección. La RCA Víctor, primero se mostró bastante reticente a editar sus placas discográficas, pero al ver que se vendían como pan caliente, la convocaban para nuevas grabaciones. Cuando grababa sus discos- que por supuesto desafinaba como los dioses- le sugerían si no quería corregir algo, a lo que ella respondía: “No veo por qué” Al escuchar sus grabaciones, queda claro que tenía un sentido muy débil de la escala y el ritmo y que apenas podía sostener una nota . Podemos escuchar a su acompañante tratando de compensar sus variaciones de tempo y sus errores rítmicos. No obstante, rápidamente se hizo popular gracias a su talento “poco académico”. Su público la ama, más por la diversión que ofrece que por su habilidad musical. Los críticos a menudo la describen en términos equívocos, lo que sin duda ha ayudado a despertar la curiosidad de la gente, que moría por acceder a un concierto.
La artista logró el pico de su carrera un mes antes de morir, cuando actuó públicamente, en el Carnegie Hall, en Nueva York, con las entradas agotadas semanas antes del espectáculo, cuando Frank Sinatra, había actuado unos días antes, y no había logrado un lleno total.
“Aullidos de risa ahogaron los esfuerzos celestiales de madame Jenkins. Lo que alguna vez fueron sonrisas reprimidas en los conciertos privados, se transformaron en rugidos descarados en el Carnegie Hall”, escribió una revista de la época.
Florence Foster Jenkins murió en noviembre de ese mismo año de un paro cardíaco, en Nueva York. Y lo hizo después de décadas en que mantuvo firme su deseo de ser cantante. Hizo realidad su sueño, pensara lo que pensara la crítica y el público.
La boletería para esta función, se habilitará mañana a partir de las 19 horas.