Ha pasado más de un mes de la invasión de Rusia a Ucrania y sigue lejana la posibilidad de un alto el fuego. Mientras tanto, siguen cayendo bombas, se destruyen vidas humanas y ciudades y se asiste al triste desplazamiento de multitudes que han perdido todo y solo luchan por la supervivencia. ¿Cómo acabará esto? Nadie lo sabe por ahora y por eso lo del título.
No es la primera vez, desgraciadamente, que se asiste a una circunstancia como esta. Daniel Schömpflug escribió un libro que se llama, justamente: El mundo en vilo. La ilusión tras la Gran Guerra. Se trata en él de lo que sucedía al terminar la Primera Guerra Mundial (1914-1918). Iba a ser la “última” guerra. Se abría el camino para toda clase de realizaciones y proyectos, sobre todo en el mundo occidental. No es casualidad que tome forma entonces la Bauhaus de Walter Gropius, que Virginia Woolf comience a publicar, en la editorial que tiene con su esposo, sus primeras obras y que Harry Truman, que no soñaba con ser Presidente de los Estados Unidos, se afane, al regresar de la guerra en la que participó, por instalar en Kansas, con un socio, una fábrica de camisas de hombres y consolidar su sueño de amor con su novia de siempre. Estos son ejemplos de algunas de las ilusiones que recoge el autor en esa época de optimismo.
Aunque los tiempos posteriores a la Segunda Guerra Mundial no estuvieron libres de conflictos bélicos y diplomáticos, de grandes crisis económicas y problemas de todo tipo, es increíble la similitud que se da en lo referido al horror de la guerra. El pintor George Grosz escribió en su biografía que trataba de “reflejar lo ridículo y grotesco de este mundo de hormigas hacendosas y sedientas de muerte que me rodeaba”. Cuando en 1917 lo licencian definitivamente del Ejército pinta un óleo que llama Explosión. Aparece una ciudad destruida por bombas que dejan caer los aviones, con las fachadas de las casas desmoronadas, nubes de humo y figuras de hombres, mujeres, niños que tratan de huir. ¿No parece estar viendo las imágenes que muestra la televisión de lo sucedido en Odessa, Kiev o Mariúpol?
Devastación y muerte ha sido siempre el legado de todas las guerras. Los adelantos tecnológicos, la interdependencia de los países y su coparticipación en descubrimientos y realizaciones de todo tipo deberían contribuir a la obtención de un mundo más justo e igualitario en oportunidades de desarrollo y progreso para todos. Alentemos la esperanza de que la paz llegue: es un presupuesto, aunque no el único, para que se cree y consolide un ambiente favorable a esas realizaciones. Mientras eso no ocurra, seguimos en vilo.