En el barrio
Pense a pocos metros de la vía principal nos encontramos con una chacra muy
particular “La Querencia”, donde no sólo se pueden adquirir frutas de excelente
caridad, sino que además se puede compartir la experiencia de recogerlas y
aprender todos los días un poco más de la sana tarea de cultivar los productos
propios.
La idea es
llevada adelante por Jorge Bouchatón, quien junto a su familia viene
desarrollando este emprendimiento familiar que es sumamente recomendable para
llevar a los niños, pero también para disfrutar con amigos y los afectos,
porque en definitiva se transforma en un paseo donde los sabores y aromas se
confunden con una naturaleza excelentemente cuidada.
Bouchatón
señaló a Crónicas que “venimos trabajando en este lugar desde hace unos 10
años, mi familia ha estado aquí desde siempre y los frutales eran algo común en
la casa de mis abuelos y mis tíos. Comenzamos con los duraznos y poco a poco
fuimos plantando variedades nuevas, nos acercamos al INIA con una variedad de
duraznos crocantes de los que plantamos unos 150 árboles y a partir de allí
comenzamos a agregar variedades y hoy en nuestra chacra tenemos 36 tipos de
frutas, entre lo que es el durazno, durazno pelón, el chato, peras, manzanas,
ciruelas, frutilla y algo de uva que está destinada principalmente a la
elaboración de vino casero.
El objetivo
de nuestra chacra es tener diversidad de frutas con mucho sabor y color,
procurando que la gente cuando venga pueda probar un pelón amarillo, blanco o
chato. En estos días estamos cosechando el durazno 'Don Alberto’ que tiene el
carozo despegado y en enero estará saliendo el típico ‘Rey del Monte’.
Apuntamos a
cosechar la fruta madura del árbol de forma tal que el mismo pueda transferir
todo el glúcido a la fruta, porque entendemos que un fruto cosechado verde no
mejora nunca el sabor.
Es una gran
satisfacción recibir en nuestro establecimiento a los niños, las familias y que
con sus canastas ellos mismos seleccionen la fruta que desean llevar y hemos
tenido casos donde los niños nos dicen que no les gusta el durazno, pero cuando
les ofrecemos una variedad diferente, la aceptan porque además está madura.
Hoy las
variedades nuevas están adaptadas al cambio climático con menos exigencias de
horas de frío, logrando así continuidad en la fruta.
Para nosotros
es fundamental la parte educativa, hablar con la gente y explicarle todo el
proceso de producción, porque a todos nos parece que hay un solo tipo de
durazno pero no es así, las variedades son muchísimas, como así también pasa
con las ciruelas, las peras y las manzanas.
Tenemos
mucho cuidado en las podas porque de acuerdo a la variedad es como se debe
hacer, contamos con riego, un suelo orgánico e intentamos tener siempre
estiércol de gallina, coberturas y gramíneas que en definitiva nos ayuden al
cuidado de todos los árboles y lograr una mejor producción.
Desde
octubre a marzo siempre contamos con frutas, pero también tenemos ese tiempo de
podar, de armar el sistema, porque estamos yendo al modelo de Europa de generar
ese ‘muro’ frutal donde el árbol se planta a muy corta distancia, se poda y se
eliminan las escaleras, teniendo facilidad para que ingrese el sol y es muy
fácil cosechar. Aquí el público disfruta del lugar, pero hay un trabajo que se
hace fundamentalmente en invierno, que no se ve y permite en definitiva tener
tan buena producción.
Quienes deseen visitarnos pueden hacerlo todos los
días entre las 9 y 12 horas y después de las 17, los invitamos a venir en
familia, traer su mascota, recorrer la chacra y elegir sus frutas. Hacemos
reparto a domicilio, llevamos variedad de frutas en cajas, pero creemos que lo
más disfrutable es que el público venga, coseche su propia fruta y enseñarle a
esas nuevas generaciones que en chacras pequeñas se pueden lograr este tipo de
producciones. Nuestro emprendimiento tiene 5 hectáreas y unos 4 mil árboles que
nos permiten seguir expandiéndonos y mostrar un modelo diferente de
producción”.