Hoy remonto a un recuerdo entrañable de mi niñez. En las noches mercedarias, mi madre escuchaba por la radio un programa de una de las emisoras de Buenos Aires que eran las que casi exclusivamente se oían en nuestra ciudad. Resuena en mi alma la voz del poeta Juan Ferreyra Basso, en una audición que se llamaba "El otro lado de las cosas", por radio "El mundo". La voz de este hombre -poeta y profesional de la radio-, era grave y aguardentosa, transida de un íntimo temblor de alma; como trayendo el eco de una inmensidad de agua oceánica y misteriosa. La sugestión que provocaba en mí, más allá de racionalidades adventicias -porque yo era un niño-, era honda y envolvente. Y me iba a dormir acunado por aquel timbre de una singular tristeza y un halo tembloroso de revelación y confidencia. No tengo otro modo de explicarlo. Mi madre no sospechaba esa resonancia dentro mío.
Cada una de esas comunicaciones, acababa con la frase emblemática, que funcionaba como un abracadabra: "El otro lado de las cosas". Eran relatos breves de vida, cuyo corolario los convertía en una especie de revelación: la epifanía de algo que siempre está detrás de cada cosa y que le asigna a la existencia una cualidad alumbradora. Eso, ya lo intuía entonces y me sobrecogía. Pero la misma voz de Ferreyra Basso era esa revelación venida de otra parte: así lo preserva mi memoria de niño.
Esto, que de por sí no es original porque se repite hace siglos en la literatura; esa dimensión oculta detrás de cada cosa, que hace de los hechos un lenguaje de significados invisibles, se asociaba en aquel hombre a historias cotidianas que se embebían de coloquialidad. El más allá se volvía huésped habitual de nuestras vidas.
Fue para mí tal vez, la primera manifestación de ese otro mundo en gotas cotidianas de una luz nocturna y triste; porque yo sentía de un modo informulable pero indesmentible, que cada cosa que vivimos trae consigo una cifra secretísima de vida, un mensaje que habitualmente -por distracción o por pereza- perdemos de forma inexorable. Yo no podría hoy reproducir ni uno solo de aquellos relatos; pero sé que se incorporaron con aquella voz, como una música transportadora, a lo más íntimo de mi alma.
Cucharita y tenedor: poesía en código Morse.
Hace poco tiempo leí que Ferreyra Basso -nacido en Alberti, localidad al norte de la provincia de Buenos Aires-, el primer empleo que tuvo fue de mensajero del telégrafo de su pueblo. Y que ya hombre, estaba una tarde en un café céntrico de Buenos Aires, y en una mesa cercana estaba Atahualpa Yupanqui, que jugaba con la cucharita de café. Ferreyra Basso entonces, prestó atención a los sonidos, tomó un tenedor y una cuchara, y surgió el siguiente diálogo en código Morse:
Juan Ferreyra Basso: ¿Usted fue telegrafista verdad?
Atahualpa Yupanqui: Sí, pero eso fue hace mucho tiempo.
J. F. B.: Me di cuenta, porque estaba cantando poemas con la cucharita.
A. Y.: -Claro. Han pasado más de cuarenta años y me ocurrió lo que decía Amado Nervo: quien lo aprendió, no lo pudo jamás olvidar.
Se miraron y rieron. La magia de la poesía y la guitarra de Yupanqui y la inspiración poética de Ferreyra Basso se fundieron. Confabulación de una cucharita y un tenedor en código Morse. Cosas misteriosas de la vida.
Ahora vuelvo a mi recuerdo. Atahualpa Yupanqui, era escuchado por mi madre por la radio también cuando yo era niño con absoluta delectación. Y aprendí a escucharlo con el mismo espíritu de veneración que ella: la conversación de un solitario y contemplativo devenida en canto. Su música honda y envolvente, pasaporte a un infinito cotidiano, a un "otro lado de las cosas" de virtud expansiva: "Contale tu pena al viento / y el viento la cantará".
Curiosamente, estos dos seres que mi madre seguía casi religiosamente, y que continuaron siendo en mi alma verdaderos espíritus tutelares, hoy resultan inesperadamente unidos en esta historia extemporánea y milagrosa que acabo de contar. Tal vez mi madre en el cielo los esté escuchando con delectación. Y yo, ahora, al vuelo de sus alas comprendo en la dimensión más honda y definitiva "el otro lado de las cosas".