La obra "El Ciervo" de Rodolfo Abertoni ha permanecido durante largos años en la rambla mercedaria. Sin embargo como lo testimonian las fotografías, ha perdido lo más significativo de su característica, las ampulosas astas, que fueron arrancadas por los dañinos de siempre.
En abril de 1950 durante una de la inundaciones que llegó a los ocho metros, el vecino Julio González se fotografió aprovechando la creciente, como una curiosa oportunidad, lo que permite documentar el antes y el después.
Precisamente en aquella oportunidad el Escribano Gonzalo Martínez Rondán que había trasladado a González en una chalana tomó la foto y posteriormente hizo una reproducción a tinta que le permitió confirmar sus dotes de dibujante, aunque en lugar de la arquitectura optó por la escribanía como su profesión.
Hoy el ciervito de la rambla sin sus astas sigue a la espera de que alguna resolución del Ejecutivo Municipal permita llevar a la práctica la intención varias veces reclamada de realizar el trabajo artesanal que permita completar una de las numerosas esculturas que convirtieron en su momento a la rambla de Mercedes a ser denominada "un museo a cielo abierto".