Hace muchos años -alrededor de sesenta-, tuve a Hebe Castro como profesora de Historia en el liceo de Mercedes. Apasionada y comunicativa, nos enseñaba la historia oriental, y nos descubría dimensiones -más allá de datos concretos-, no solo ignoradas por nosotros, pobres párvulos, sino también por muchos otros docentes atenidos a una visión convencional y hasta falseada de la verdadera Historia. Ese recuerdo, permanece indemne en mí. Pero ahora, al cabo de una vida, llega a mis manos un libro suyo de relatos ficcionales, que encierran una Historia más "verdadera" todavía. (*) Porque tenía razón el viejo Aristóteles, cuando sostenía que la literatura es más verdadera -más "filosófica" decía él- que la Historia. En el mismo sentido de lo sostenido por el Estagirita, estos cuentos de Hebe Castro, son "historias mínimas", episodios rescatados por la creatividad de la escritora, que integraron -o bien pudieron integrar- nuestro proceso epónimo. Porque contienen un valor, no solo de entera verosimilitud, sino de representatividad universal. Extrapolando los lenguajes artísticos, es como si en los grandes cuadros de Juan Manuel Blanes, que exponen en un gran mural épico episodios de nuestra gesta, se intercalaran en óleo, minúsculas escenas de la vida. Esta visión de Hebe Castro, participa de lo que Unamuno llamó la "intrahistoria". Algo parecido ocurre en algunos relatos de Eduardo Acevedo Díaz, de quien Paco Espínola decía que parecía un padre sentado y rodeado de su prole contándole historias.
Los cuentos bien breves de este libro, rescatan historias personales que van desde la patria vieja, hasta el presente. Algunas, casi fieles a lo que debieron ser los hechos; tal el que corresponde al viaje de Larrañaga al campamento de Artigas en Paysandú y su pasaje por Mercedes: como un apunte al margen del famoso "Diario de viaje" del cura artiguista. Otras, inmortalizando personajes anónimos y conmovedores, como el de la negra esclava de 1811 y su incondicional sujeción al amo hasta la cama. O al negro Benedito, reclutado para las huestes coloradas del general Máximo Santos, que queda también inmortalizado en un rincón de un cuadro de Blanes. Es en ese sentido, que hablo de historias tal vez más verdaderas. Porque remiten a la cotidianidad y a los avatares de ciertos destinos, que se habrán repetido por miles. Al drama sordo e ignorado de tantos seres que sembraron la patria. Por eso se justifica el epígrafe que elige Hebe Castro para su libro, de Jorge Luis Borges: "Cualquier destino, por largo y complicado que sea, consta en realidad de un solo momento en que el hombre sabe para siempre quién es". Autoconocimiento y destino, se conjugan de una manera a veces fatídica para siempre, como para los creyentes del oráculo de Delfos.
INTERSTICIOS DE LA HISTORIA
"Memorias incorrectas" llama su autora al libro; y ello está sabiamente justificado. Porque la perspicacia de la narradora, va abriendo intersticios en la Historia, con una imaginación que se permite leves corrimientos de los hechos empíricos, lo que le permite hacernos suponer, sugestivamente, otras dimensiones del acontecer, impredecibles posibilidades, perfectamente plausibles, como el cuento en el que la bala que hirió de muerte a Saravia, proviene del bando y el francotirador más insospechado. Conmovedora historia de culpa e imprevisible causalidad.
Por último, hay un solo cuento que podría inscribirse en el rubro de lo fantástico, y es el de Juan Alberto Schiaffino en el Purgatorio. Un cuento que -contra toda previsibilidad- respira una profunda piedad y hasta culpa, emanadas de una epopeya celebrada eternamente por los uruguayos: el triunfo de Maracaná.Tal vez, a mi juicio, el cuento metafísicamente más desolado del libro.
"Verdades cambiadas" se llamaba el libro de cuentos que Hebe Castro publicó en 2011: título que tiene un común denominador con el de este. Tal como si su autora se infligiera una autoironía, y dudara borgeanamente de la verdad y de sus verdades. Pero simultáneamente ese cuestionamiento hiciera resplandecer otra especie de "verdad" más luminosa y epifánica como sostuviera Aristóteles.
Estos acontecimientos editoriales, suelen pasar a veces lamentablemente inadvertidos en nuestra ciudad. Hace mucho que falto de ella, pero la conozco. Claro, Hebe Castro es una sobreviviente de aquella generación ilustre y memorable, que nos formó: Washington Lockhart, Marta Klingler, el artista Jaime Parés, el inolvidable maestro Fernando Cabezudo, Perico Bordoli, Elvira Boibo de Barrios -la querida Chichita-, Dardo Razquin, el entrañable Manuel Santos, el añorado Glauco Cabrera y otros tantos que integraron una pléyade de intelectuales y creadores. ¡Qué tiempos: una Edad de oro de la cultura mercedaria! Lo digo con orgullo y tristeza, en esta época de cibernética, zapping y banalidades. Por eso, lean "Memorias incorrectas", cuya "incorrección" les provocará seguramente un corrimiento y una conmoción como la del famoso "efecto mariposa", remoto y efectivo sin embargo.
(*) Memorias incorrectas. Imprenta Alan.