(Dedico estas notas a la memoria de Washington Lockhart, amigo y Maestro, estudioso y apasionado de Rodó, sobre quien -con él-, conversamos tantos años).
El americanismo de Rodó: premisas de su latinidad. El americanismo de Rodó reconoce como punto de partida la relevancia que toda entidad personal inviste como sello de originalidad y renovación en el concierto del mundo. Como se postulará en "Motivos de Proteo", piedra angular del desarrollo de la vida es "cambiar sin descaracterizarse". Por eso se reivindica la herencia de la raza como identidad de América. Dice el profesor Arturo Ardao sobre la expresión "América Latina", empleada por Rodó: "..si bien lo hace para seguir interpretándola, igual que la propia expresión 'América', a partir del arraigado espíritu hispanoamericanista, fue ello el fruto de la creciente imposición de una cabal conciencia latinoamericana". (Arturo Ardai, Nuestra América Latina, Ed. de la Banda Oriental, 1990).
Como bien apunta Ardao: "Debemos revisar el concepto de nuestro mestizaje como rasgo de 'especificidad' cultural". (...) "La especificidad de lo latinoamericano debe ser buscada en la historia general de nuestros pueblos y de nuestra cultura, y por lo tanto, de nuestro hombre, el hombre latinoamericano". (...) "Tiene un enorme sentido (...) la determinación del proceso dialéctico (...) que condujo al origen y desarrollo, y finalmente a esta imposición realmente abrumadora, de la idea y el nombre de América Latina contrapuestos a los de América Sajona". (Op.cit.).
"Patria es, para los hispanoamericanos -dirá Rodó-, la América española". (...) "La unidad política que consagre y encarne esa unidad moral -el sueño de Bolívar-, es aún un sueño, cuya realidad no verán quizá las generaciones hoy vivas..."
Queda así invalidada la opinión que pretende hacer de Rodó un perpetuador de la matriz colonial de la ciudad letrada. América es esa arcilla amasada de sus corrientes migratorias y de sus culturas aborígenes. Y heredera de una tradición que nos legó la conquista, de valores irrenunciables, de los que Rodó es portavoz conspicuo como representante de un integral humanismo.
El indio y la equidad social
en el ideario de Rodó.
Si bien es cierto que Rodó, por su enclave cultural greco-latino, no prodigó una atención preferencial a la América indígena, el indio no estuvo ausente en varios textos de su magisterio.
Enseñó en "Montalvo", en 1909 -pintándolo en su escenario andino-, cuál era el lento dolor del indio ecuatoriano, "haciéndolo -dice Eugenio Petit Muñoz- con tintas vívidas y lacerantes que valen para todos los otros indios del continente". (Eugenio Petit Muñoz, El maestro de la juventud de América, Cuadernos de Marcha N1, 1967).
En su informe "Del trabajo obrero en el Uruguay", planteará Rodó reivindicaciones fundamentales de los trabajadores, tales como la limitación de la jornada de trabajo, la inembargabilidad de los salarios, el derecho de huelga, entre otros. Y en 1909, en su discurso sobre la prensa, dirá: "Cuando todos los títulos aristocráticos fundados en superioridad es ficticias y caducas hayan volado en polvo vano, solo quedará entre los hombres un título de superioridad, o de igualdad aristocrática, y ese título será el de obrero". (...) "El obrero es, por definición, 'el hombre que trabaja', es decir, la única especie de hombre que merece vivir". "Quien de algún modo no es obrero debe eliminarse, o ser eliminado de la mesa del mundo". Acota Petit Muñoz: "Era postular el trabajo obligatorio y la sociedad sin clases, que ya estaba en aquella igualdad en el punto de partida que predicó en 'Ariel' ".
La dimensión sagrada de la vida
Toda la obra de Rodó finalmente, encierra un sobrecogedor sentimiento de la armonía y el misterio del cosmos; lo que él denomina "la dignidad patricia de la vida". Y con "optimismo heroico" como lo define Roberto Ibáñez, resalta la idea "de la posibilidad de llegar a un término mejor por el desenvolvimiento de la vida, apresurado y orientado por el esfuerzo de los hombres". Por eso los tres verbos que constituyen los centros gravitantes del actuar humano son: pensar, soñar y admirar. Ellos centralizan el accionar del hombre y lo conectan con la jerarquía del mundo. Sus imágenes irradian sugerencias de solemnidad y misterio. Se destacan, el mar, la música, la luz, la noche.
Dice Lockhart: "Sintió Rodó con emoción y angustia la necesidad efectiva de una trascendencia que le diera sustantividad al precario mundo en que vivía". (Banda Oriental, op. cit.) Cuando en "la noche estatutaria" lo inquieta "el enigma de las cosas", prevalece en él según nos dice "ese relente penetrante, que veinte siglos de imperio de lo sobrenatural (...) han puesto en el ambiente del mundo".
Elijo para culminar estas breves reflexiones, como coronamiento de la concepción rodoniana profundamente religiosa del mundo, el cierre de "Ariel", con la intervención de Enjolrás, el más joven de los discípulos de Próspero: "- Mientras la muchedumbre pasa, yo observo que, aunque ella no mira al cielo, el cielo la mira. Sobre su masa indiferente y oscura,como tierra del surco, algo desciende de lo alto. La vibración de las estrellas se parece al movimiento de unas manos de sembrador".