El que escribe hoy, es el mismo que lo ha hecho sobre Rodó y lo que a él concierne, que son temas intemporales. Y ahora -sin contradicción-, será sobre el tema del día, que también integra lo intemporal: porque las conquistas del pueblo que son históricas -¡y a qué costo!-, también se vuelven intemporales.
Hoy tengo una alegría que, como decía Cervantes de Don Quijote, me "revienta por las cinchas del caballo". Y amanecí escuchando y repitiéndome la canción del inolvidable Pablo Estramín:
Qué será, qué será?
qué será, qué pasará?
Hoy la gente está distinta
yo no sé por qué será.
Contra todo lo que podía preverse y en las condiciones más adversas -especialmente contra las limitaciones del gobierno a los medios de comunicación y la persecución de sectores policiales a los que juntaban firmas-, se consiguió gracias a la patriada de la gente de a pie y a los heroicos y abnegados militantes, un récord de firmas, ¡tal vez más de 800.000!, para convocar al referendum contra una ley infame, clasista y antipopular. Hago mía la frase del senador y compañero Óscar Andrade: "el futuro llegó hace rato". Contra una ley que entre otras barbaridades, limita el derecho de huelga, afecta la ley de alquileres en perjuicio de miles de inquilinos precarios y pobres; que le da prerrogativas al secretario de inteligencia para esconder información, aún en lo que atañe a los derechos humanos. Un engendro de ley que de una, ha pretendido arrasar con las conquistas de los gobiernos progresistas. En consonancia con un gobierno que, a tono con el cerno de la tradición ideológica del herrerismo, gobierna para una clase oligárquica sin ningún pudor. Aliado a los grandes empresarios que pretenden contratar obreros para pagarles por debajo del laudo; y a los poderosos intereses -no del "campo", como abstractamente le denominan-, sino de los estancieros a los que siempre representó el herrerismo. En perjuicio de los peones rurales, cuyo derecho a la ley de ocho horas, en su momento votó en contra el actual presidente. No es al campo al que defienden -vuelvo a decir, palabra abstracta y enmascaradora-, sino a la clase terrateniente siempre enriqueciéndose. Y ya se sabe, "el fruto no cae lejos del árbol". Por eso hago mías también las palabras conmovedoras de una nieta de Tabaré: tu pueblo no se rinde.
E independientemente de que se gane o no el referéndum, esto ya es una lección histórica: la de un pueblo que se autoconvoca y lucha, contra los conciliábulos obscenos de esta coalición que por el momento nos gobierna. Ahora se podrá hacer público para que todos los conozcan, los gatos por liebre que nos quisieron colar en la malhadada ley; contra todos los intentos de ocultamiento, como la doble negativa a conceder la cadena nacional al PIT-CNT.
Por todo eso, me revienta la alegría, y me emociona hasta las lágrimas la canción del inmortal Pablo Estramín:
Se verá, se verá,
se verá qué pasará,
yo te digo que la gente
se puso a considerar.
Y hago míos también, para terminar por hoy, los entrañables versos de José Martí:
Yo sé de un pesar profundo
entre las penas sin nombres;
¡la esclavitud de los hombres
es la gran pena del mundo!
Pero bien lo sabía el glorioso Martí, que moriría peleando contra la esclavitud de Cuba y los pobres de la tierra. La respuesta contundente también la da el compañero Óscar Andrade:
"Que me reviente el corazón.
Arriba el pueblo que no se resigna a retroceder".