Yo, tal vez por mi vocación literaria y humanística, hubiera querido ver a lo largo de este tiempo, a un presidente asiduamente comunicado con su pueblo, diciéndole antes de cualquier otra cosa, la verdad más dramática y perentoria de todas: "¡estamos viviendo una tragedia!". Pero no ocurrió nunca: ese mandatario no existe. Y ayer culminó por lo menos una primera parte de la función. Utilizo expresamente esta palabra, porque todo ha transcurrido como en una función de teatro: la realidad y la apariencia, los rostros y las máscaras.
El GACH se fue con un portazo, pero el presidente lo ha querido presentar como una salida elegante y civilizada. Todo bien aséptico. Y el Dr. Radi -que semanas atrás no se ahorró declaraciones contundentes sobre la prescindencia gubernamental de las recomendaciones de la comisión que él integraba-, llamativamente ayer eludió a los periodistas al salir de la reunión de más de una hora con el presidente, esgrimiendo la razón de que estaba apurado: y mutis por el foro. Todo bien teatral.
Y el portavoz del gobierno, fue el Sr. Ponce de León, ante el cual dijimos o nos dijimos: ¡mucho gusto! Porque el mencionado señor, resultó ser el director de Comunicación de Presidencia, es decir vocero de Lacalle. Hasta ahora, para la población, casi un ilustre desconocido.
La función de este equipo a cuyo frente está el Sr. Ponce de León, habría sido "evaluar y elevar los informes y sugerencias al presidente de la República para la toma de decisiones finales". Resulta un poco extravagante, que la evaluación de los informes de un grupo de científicos del más alto nivel, quedara a cargo de un elenco integrado por políticos, economistas y el director del Ministerio de Educación y Cultura.
Esto abona la convicción de que el gobierno, en medio de un balance de 50 y 60 muertos diarios en los últimos dos meses, priorizó el contenido de sus mensajes, pasándolos por el tamiz de estos personeros, a despecho de las más graves advertencias del equipo científico. Mirando de reojo las encuestas que parecen favorecerlo: la "mise en scène".
Y mientras tanto, disemina manifestaciones insultantes, como la de los que -en el decir del mandatario-, se dedican a "caranchear". Incalificable en un presidente que ha pretendido jactarse de su voluntad de diálogo. Yo, como miles y miles de ciudadanos que él debería representar -no injuriar-, no me reconozco en las aves carroñeras. Ejercemos en todo caso, el derecho a la libre opinión y crítica de las acciones de los que nos gobiernan. ¡Nada más lejos de nosotros que el instinto de las aves de rapiña! Él no tiene derecho a inferirle este ultraje a gran parte de los orientales.
Yo comparo esto con el talante dialogal y respetuoso del Dr. Marcos Carámbula, gran médico y político -entrevistado hace una semana por Blanca Rodríguez en canal 10 y días después por Emiliano Cotelo en su radio-, y me da una mezcla de rabia y lástima.
Y como una perla más de la infamia, las recientes amenazas de un senador oficialista al Dr. Troschanski, por sus críticas a la política sanitaria del gobierno.
Y ayer, como frutilla de la torta, el presidente recibe a una agrupación gremial del Sindicato Médico, presidida por una figura afín a su política, después de hacer oídos sordos a los pedidos elevados por el sector médico mayoritario de dicho sindicato.
Ha caído el telón sobre una nueva etapa -de las más difíciles y dramáticas del país-, y estos son algunos de los componentes de la función. Tomando prestado el título de un conocido libro de crítica literaria: la máscara y la transparencia.