Me tomé unas horas para escribir este artículo, porque después de las insólitas declaraciones del presidente en el reportaje de canal 10, mezcla de espectáculo y falsedades, quedé sin palabras. Dos o tres reflexiones nomás. En primer lugar, es insólito -vuelvo al adjetivo inicial-, que un presidente, después de semanas de no enfrentar al pueblo asumiendo como hubiera correspondido, el contenido trágico de la situación que estamos padeciendo, lo haga sesgadamente a través de un reportaje televisivo hasta cortado por tandas publicitarias. Y peor aún, en la víspera de su entrevista con la Comisión de senadores de seguimiento de la pandemia para escuchar sus propuestas. No hay que ser muy mal pensado, para suponer que su comparecencia en la televisión, fue un modo de anticipar su desdén por lo que los senadores fueran a proponerle. Y de adelantarles su pareja y lapidaria negativa a todo lo que le sugirieran.
Un reportaje en el que dominó el ejercicio actoral para explicar lo inexplicable: que estamos en el peor extremo de la pandemia, en una situación trágica de guerra como jamás vivió el país, ¡con 50 a 60 muertes diarias y los CTI saturados!, y se seguirá en el mismo trillo. Y salpicado de falsedades. Por ejemplo: declarar que el representante frenteamplista del directorio de ANCAP, había propuesto aumentar el precio de los combustibles. Lo que fue terminantemente desmentido por el mencionado director, tal como consta en actas.
O, lo que es más grave aún, falsear los datos de su incumplimiento de las sugerencias del GACH, ha generado grave malestar en el seno de la comisión científica. "Nuestro trabajo y aporte honorario por más de un año fue ninguneado por réditos políticos partidarios", dijo uno de los referentes del grupo. "Sabíamos que eran las reglas del juego, pero esperábamos menos soberbia y calumnias. No hay malestar por egos, sino por faltar a la verdad tergiversando datos reales".
Sostienen los científicos que el presidente hizo una "lectura antojadiza" del documento que le presentaron. Fueron más las medidas que no se tomaron, de las que el presidente enumeró. Por ejemplo: la suspensión del deporte, la limitación de los horarios de comercios no esenciales, la solicitud de que las reuniones sociales fueran sólo entre convivientes o la imposición del teletrabajo en el sector privado no esencial.
Demás está decir, que el drama que parece no asumir el señor Lacalle, no es de izquierda ni derecha, de gobierno u oposición: es del país. Mientras el presidente actúa para la tribuna haciendo gala de recursos comunicativos, cada muerte es cada muerte. Absoluta y trágica. Pero lo que más duele e indigna, es el acostumbramiento, el anestesiamiento moral de muchos que siguen aplaudiendo la gestión sanitaria de un gobierno que nos ha conducido a este desastre: el presidente opone un "creo" a las certidumbres de los científicos.
Pero bueno, ya no abundo más en esta materia, porque sobre ella ha sido todo dicho. Sería reiterativo. Lo que más perplejo y sin palabras me dejó, fue la frivolidad moral y el automatismo de la respuesta que le dio a Blanca Rodríguez, cuando ésta le preguntó al final de la entrevista: "Presidente, ¿usted tiene dilemas éticos?". "No", fue la contundente respuesta.
Yo, como seguramente muchos compatriotas, me quedé estupefacto. Vaz Ferreira, entre otros muertos ilustres, se habrá estremecido dondequiera que esté. Vaz Ferreira, que ha razonado tanto sobre la trascendentalidad ética del sujeto; la radicalidad de sus discernimientos, cuanto más, en los que ejercen el poder. ¡Vaz Ferreira, que ha hecho de la conflictualidad moral que viven los espíritus sinceros y libres, uno de sus núcleos discursivos! Nunca lo habrá leído; y menos que menos a Kant. Que se pueda negar la experiencia del dilema ético, y hacerlo así de impremeditadamente, revela una frivolidad trágica y peligrosa. No sabe lo que dice.
¿Qué sueña el presidente? ¿Qué fantasmas pueblan su conciencia? ¿Qué lo desvela y lo atormenta si no padece "dilemas éticos"? Ojalá ya no sea demasiado tarde, cuando advierta que ser humano es vivir constantemente la disyuntiva ética, que nos salva o nos pierde como seres totales y cabales.
Tendría que salir públicamente a aclarar este despropósito; pero si no enfrenta dilemas éticos, ¿cómo esperar que lo haga?