Finalmente sobre la hora 17 de ayer , los tripulantes del empujador Ki-Chororo, descendieron del buque y subieron al ómnibus que los trasladará hasta Montevideo.
El servicio estaba dispuesto desde la mañana, pero la tripulación se negó a desembarcar hasta que Ancap les asegurara que iban a cumplir la cuarentena en un hotel y de esa forma no pondrían en riesgo a sus familias.
Luego de arduas negociaciones se llegó a un acuerdo y los siete tripulantes afectados de covid19, bajaron de la nave con túnicas y máscaras con las que tienen que llegar a destino.
Hoy trasladarán a los otros tres tripulantes que arrojaron negativo al hisopado realizado. La empresa local Alfatec, será la encargada de desinfectar la embarcación que quedará nuevamente operativa al servicio de la petrolera estatal.
El Ki Chororo debe su nombre en homenaje a la pieza musical del poeta y cantor sanducero Aníbal Sampayo y fue centro de un escándalo financiero.
En 2013 la Armada botó al remolcador construido junto con dos barcazas a pedido de Ancap que costaron doce millones y medio de dólares. En aquel momento se dijo que la compra implicaría un ahorro de 300.000 dólares por mes a Ancap, pero lejos de cumplir el objetivo, nunca funcionó porque tiene errores técnicos graves incluido el ruido que genera su motor, que al no estar aislado, no se puede estar dentro de él.
Ancap pagó a una empresa privada el alquiler de una embarcación similar para el traslado de materiales por cuatro millones de dólares y otros cuatro millones más para que fuera inaugurado en una ceremonia encabezada por el entonces presidente de Ancap Raúl Sendic. El negocio de la adquisición del remolcador y las dos barcazas, formó parte de las denuncias presentadas a la Comisión Investigadora del Senado y más tarde el presidente de Ancap José Coya decidió suspender el pago de las últimas cuotas que restaban abonarle a la Armada que había construido el remolcador en conjunto con empresas privadas, vinculadas a la electrónica, hidráulica y carpintería.