Arqueólogos descubrieron un termopolio donde se solía servir comida a las clases más bajas de Pompeya, que fue devastada por la erupción del Vesubio hace más de dos mil años. Perfectamente conservado con el mostrador con la imagen de una ninfa marina a caballo y otros animales con colores brillantes, el hecho ha sorprendido a los arqueólogos ya que los envases tienen restos de la comida que se vendía en la calle y que es el origen de la comida para llevar.
Los primeros análisis confirmaron que las pinturas cuya brillantez las hace parecer tridimensional representan los alimentos y bebidas que se vendían dentro del termopolio.
El estudio del material que se conservó gracias a haber quedado sepultado bajo la lava del volcán, ampliará el conocimiento sobre los hábitos alimentarios de esta época romana.
Las nuevas tecnologías de vanguardia están devolviendo datos inéditos. Análisis de laboratorio buscan conocer el contenido de las "dolias", es decir los recipientes de barro en los que se cocinaba la comida en la antigua Roma, mientras que las decoraciones del mostrador (las primeras en emerger de la excavación) muestran una Nereida a caballo, en un entorno marino y en el lado más corto, la ilustración probablemente de la misma tienda como un letrero comercial.
Además se encontraron diferentes materiales de despensa y de transporte: nueve ánforas, un recipiente en bronce, dos frascos y una olla de cerámica.
El suelo de toda la sala está formado por un revestimiento impermeable, formado por fragmentos de terracota, donde se han insertado fragmentos de mármol policromado en algunos puntos.
Los termopolios donde se servían bebidas y comida caliente, eran muy habituales en el mundo romano donde era costumbre consumir la comida al aire libre.
Sólo en Pompeya hay unos 80, pero ninguno con el mostrador completamente pintado, lo que confirma la naturaleza excepcional del hallazgo.
Se ha encontrado también un fragmento de hueso de pato dentro de uno de los recipientes, junto con cerdo, cabras, pescados y caracoles de tierra, atestiguando la gran variedad de productos de origen animal utilizado para la elaboración de los platos.
En el fondo de un dolio identificado como un recipiente de vino en la base de la botella para beber que se encuentra en el interior, se identificó la presencia de habas, intencionalmente molidas, que, como aseguraba Apicius se utilizaron para modificar el sabor y el color del vino, blanqueándolo.