No fue un clásico más. Aunque prácticamente no se jugaba nada, los encargados de dar el ejemplo retrocedieron varios casilleros. Antes, durante y después del partido se observaron situaciones que descalifican y demuestran que el fútbol está enfermo aún cuando a los hinchas no se les permita entrar a los estadios.
Todo fue negro ayer. Lo que pudo ser una victoria de Peñarol se diluyó por actitudes fuera de lugar, que ya habían empezado mucho antes en la previa. Desde un ingreso no autorizado de hinchas de Peñarol a los insultos del técnico Saralegui, pasando por una arenga innecesaria mostrada en un cartel tirado por un avión, que provocó desde el aire a los hinchas aurinegros.
Nada era necesario, pero condicionó los ánimos y no fue extraño que con las alternativas cambiantes de un Peñarol que ganaba con claridad, le empataron de atrás, casi le ganaron y se llevó los tres puntos con un gol ilegítimo, el partido terminara con jugadores agrediéndose en el medio de la cancha, mientras los dirigentes que debieron dar el ejemplo se atrincheraron para proferir insultos mutuos.
La imagen del ex Presidente Barrera llorando a mares como si hubiera ganado la copa del mundo, mostró su desubicación tanto como las imágenes que mostró la televisión de reproches, empujones y celebraciones de una victoria inexistente.
La tabla sigue tan triste como siempre, los tres puntos no aportan nada y sólo se comprobó que los incidentes no pasan porque los hinchas se tomen a golpes: basta que unos pobres dirigentes sin cultura lo confundan todo y redondeen una imagen lastimosa, como la de ayer.