El grupo de teatro "Sin Fogón" de Fray Bentos, que tiene su sala ubicada en calle Treinta y Tres y España de esa ciudad, presentará el sábado y domingo próximos la obra "Pinocho, la materia se hace alma".
Ambos días habrá dos funciones, a las 17 y 20 horas, actuando Ana Barrios, Arlette Gerfauo, Emilce Pereyra, Sherylin Griego, Mario Príncipe y Bruno Ferreyra. El diseño de espacio escénico, escenografía, vestuario y accesorios está a cargo del colectivo artístico, confección de vestuario de Carla Barrios, realización de Pinocho Sergio Merello y la dirección general está a cargo de Roberto Buschiazzo.
El espectáculo es para toda la familia y la entrada general tiene un valor de $ 150, para socios $ 100. Los interesados pueden llamar al 099 280 935, siendo los cupos limitados.
En su carrera como director, Buschiazzo les ha hincado el diente a varios clásicos de la literatura, tanto de la narrativa (“El lazarillo de Tormes”, “El buscón de Quevedo”, el reciente “Mi hermano Gregorio”, por poner algunos ejemplos), como de la dramaturgia (“Canillita”), para sobrevolar los textos con una mirada más poética y efectivamente teatral.
En esta versión, Pinocho, la materia se hace alma, Teatro Sin Fogón le pone alas al cuento de Carlo Collodi.
A quienes no hayan leído el original, les confieso que es mucho más truculento y menos edulcorado que las versiones que conocemos. Collodi profundiza en otros recodos humanos, más que en la anécdota que estigmatiza a “Pinochio” como el muñeco de madera al que le crece la nariz cada vez que miente. Como dice Peter Brook en El espacio vacío, el teatro dimensiona ciertas cosas y reduce otras con un criterio artístico. En ese sentido, el espectáculo atomiza la vida hacia un objetivo claramente visible y lo lleva hacia el terreno poético donde prima el amor por sobre todas las cosas.
El elenco, compuesto por Ana Barrios, Arlette Gerfauo, Emilce Pereyra, Sherylin Griego, Mario Príncipe y Bruno Ferreyra, comenzó como un taller de actuación y viene tallando firme con propuestas de rigor como “Historias para ser contadas” (2018) y “Lisístrata” (2019). Ha demostrado soltura y precisión en el manejo de herramientas actorales y, sobre todo, convicción y audacia en lo que hace.
Imágenes de madera, cartón y papel kraft cuentan las aventuras del protagonista. La multiplicidad de recursos, en los que casi se prescinde de la palabra dicha, guiados por una música selecta, garantiza el dinamismo de la obra. Sin embargo, esos recursos cobran sentido porque tienen una conexión particular con la sustancia de cada escena. Algunas de ellas, rozando lo onírico más que lo fantástico: camino a la escuela, el teatro de títeres, la panza del dragón, los corazones que se hacen uno.
Pero lo que logra su punto más elevado es Pinocho. Ese maravilloso ser que, guiado con increíble destreza por sus titiriteros, conquista naturalmente el espacio teatral y entabla un vínculo con los humanos (actores, actrices y público en general) que impacta sensiblemente. Es imposible dejar de mirarlo, sonreírse y emocionarse con él. Porque el Pinocho de Teatro Sin Fogón no es una marioneta, es realmente un ser con alma.