En el pasado mes de enero el virus estaba concentrado en China y sólo existía un goteo de casos en otros países a través de viajes en avión. Al final de enero, los casos en China habían aumentado a 10 mil y fuera de ese país a apenas 129. En febrero se activaron varios brotes en Corea del Sur, Italia, Alemania y España y ahora hay casos confirmados prácticamente en todo el mundo.
Sin embargo, el ritmo en cada país es diferente lo que extraña a los expertos.
En Japón, Hong Kong y Singapur las infecciones crecieron paulatinamente desde enero. En otros países como España, Francia y Alemania los casos se dispararon muy rápido siguiendo la estela de Italia que dio la voz de alarma en Europa. La evolución de Europa es un buen ejemplo de esto. Tras la explosión de casos en Italia se ve un aumento en muchos países, pero la razón no es sólo que haya más infecciones, sino un pico de detecciones porque los países reforzaron sus protocolos.
En España los casos se dispararon después del 25 de febrero cuando comenzó a hacerse la prueba de COVID-19 a personas con neumonía de origen desconocido.
La clave para frenar un brote es reducir el ritmo al que crecen los casos. Es lo que está consiguiendo China donde las infecciones dejaron de crecer exponencialmente a mediados de febrero cuando la cuarentena y las medidas de distanciamiento hicieron efecto. En los países europeos en cambio, el virus aún está en expansión.