Desde Paraná, Argentina llegó ayer a Soriano Blas Jaime, el último parlante de la lengua chaná que además ha editado un libro sobre esta lengua donde se pueden encontrar muchas de las palabras que usaban nuestros ancestros y que hoy se están transmitiendo a otra generación.
En una actividad organizada por el Grupo Santo Domingo de Soriano, Jaime pasó por Mercedes en la tarde de ayer para luego seguir hacia la Villa donde hoy mantendrá un encuentro con alumnos de la Escuela Nº 6 y posteriormente con los estudiantes de UTU para luego visitar los museos allí existentes.
Mañana retomará el encuentro con los estudiantes, mientras que el viernes 15 estará en la Escuela de la Loma para luego trasladarse hacia Dolores donde en el Museo Lacán Guazú presentará la película “Lantec Chana (La lengua chaná)” ofreciendo diferentes testimonios.
El visitante estará también recorriendo otros lugares históricos y chacra La Rústica donde habrá un taller de alfarería chaná.
María Teresa Barbat, integrante del Grupo Santo Domingo estará acompañando a Jaime y destacó que para hacer posible esta propuesta, se contó con el apoyo de la Intendencia, Junta Departamental de Soriano, Junta Local y Dirección de Turismo.
Jaime dijo a Crónicas que “la lengua chaná la he podido transmitir a mis alumnos y ellos a su vez la están haciendo conocer en la provincia de Santa Fe y también en Paraná. Yo soy el único que puedo probar que tengo la descendencia chaná por madre y padre, y he sabido recoger la historia, la cultura y las reglas de convivencia dado que fui instruido durante 15 años por mi madre y mis abuelos.
Además de hacerme conocer cómo era la vida del pueblo chaná, también me brindaron toda una gama de conocimientos sobre los otros que convivían con ellos. Las reglas de los chanas considero que eran más civilizadas que las de ahora. Les doy algunos ejemplos, indicando que ningún chaná podía golpear a una mujer ni lastimarla de alguna manera, no había niños huérfanos ni nadie tirado en algún rincón porque los abuelos eran responsables de los guerreros jóvenes y las abuelas de las guerreras. Había padres sustitutos para aquellos chicos que quedaban sin familia. No había ancianos abandonados porque eran los que enseñaban a los más pequeños y luego podían recibir la alimentación en cualquiera de las casas ya que nadie podía negarles un plato de comida.
Para mí es una satisfacción haber recibido esta educación desde Soriano y poder transmitir a los niños todos mis conocimientos, y en estos últimos años siempre he estado rodeado de ellos porque quiero dejar las enseñanzas.”