La artista plástica Agó Páez es reconocida por sus obras, tanto en la pintura, la escritura, la escultura, como en la educación del arte.
Desde hace más de 20 años trabaja con las mandalas y esto lo ha enseñado en las escuelas de Uruguay, Argentina y Brasil. La artista, que ayer estuvo en Mercedes trasmitiendo la técnica de las mandalas, en diálogo con Crónicas señaló que “me conecté con el círculo a los 3 años cuando mi padre Carlos Páez Vilaró me enseñó a dibujar un sol. Al trabajar con el círculo entendí que es una forma de descubrir la creatividad que vive en nuestro interior.
Los mandalas me han conectado con mi arte y descubrí que podía conectarlo también con el espíritu. Yo sentí siempre que mi camino era espiritual y necesitaba conectar con lo que yo hacía. Me pareció que en el círculo abarcaba todo, es ese gran sol que tenemos en nuestro corazón que nos conecta desde el interior hacia afuera.
El trabajo que llevé adelante ayer con los niños fue maravilloso y me hubiese encantado que cuando era niña me hubieran invitado a pintar mandalas. A los chicos cuando les damos los círculos se concentran de una manera tan profunda logrando así una paz y una armonía que no podían creer sus propios padres. Durante una hora estuvieron concentrados y en silencio y allí descubren su creatividad.
Para mí, mi padre fue un gran maestro, vivió 90 años en forma muy intensa y más allá del arte que me inculcó, también me dejó herramientas para la vida, lo que también replicó en otras personas y diariamente me llegan anécdotas sobre él.
Toda esta propuesta de los mandalas las comencé a realizar en el interior de Argentina, principalmente en las escuelas rurales y ahora he seguido esta misma ruta en mi país, es algo que me encanta porque me gusta llegar a aquellos lugares donde se hace difícil que el arte llegue”.
Sobre su vinculación con el Carnaval y la comparsa Cuareim 1080, Agó indicó que “desde que falleció mi padre tengo el privilegio de continuar pintando sus tamboriles, los Silva son como mi familia, han compartido gran parte de nuestra vida.
Recientemente inauguramos un mural en la placita ‘Carlos Gardel’ en Montevideo, donde hice una recopilación de una obra de arte de mi padre que se llama ‘La comparsa de Cachila’ y en esa ocasión estuvo presente el embajador de Japón, dado que esta sede diplomática hizo el aporte económico para esta sede cultural”.
Haciendo referencia a sus proyectos dijo que próximamente estará presentando un libro en el Museo Gurvich que se llama “Carlos Páez Vilaró de la mano de Agó” que está hecho para niños, donde los hijos de artistas muestran el arte de sus padres.
“Para la temporada de verano en mi lugar que se llama ‘El octógono de Agó’ y está ubicado en Punta Ballena muy cerca de Casapueblo, continuaré realizando encuentros con el espíritu, talleres, clases de yoga, mandalas, pintura, construcción natural en barro, donde recibimos a las personas para continuar este encuentro e intercambio con el corazón”.
Finalmente, expresó su voluntad de llegar en algún momento para concretar en algún lugar de Mercedes un mural. Se mostró sorprendida por la cantidad que hay en la ciudad y dijo que enero para ella es una fecha compleja, pero igualmente le gustaría dejar parte de su arte en la ciudad.