De aquel lejano 12 de enero de 1982, han transcurrido 37 años de actividad seria, tesonera e ininterrumpida. Ha ido abriéndose camino a través de todo este tiempo gracias al esfuerzo de mucha gente amiga que ha dado lo mejor de sí, para que este sueño de una lejana juventud, continúe vivo en los que aún llevamos el estandarte, que simbólicamente nos entregara aquel día la señora Maruja Santullo, esposa del que fuera un gran hombre de las tablas: Enrique Guarnero.
Recordamos alguna de sus frases: “Está muy bien lo que hacen, pues son jóvenes y su tiempo que quizás no sea totalmente libre, lo emplean en algo que es una expresión superior del espíritu” .Es tal vez, gracias a esas grandes figuras que nos protegen y alientan, que continuamos trabajando y luchando por el bien de la cultura de nuestro departamento y por qué no de todo un país.
A pesar de toda la tecnología y los avances del siglo XIX con la aparición del cine, y luego el surgimiento de la televisión en el siglo XX, el hecho teatral permaneció incólume, porque es un arte que se hace realidad en la interacción viva y directa entre los artistas y el público; un encuentro mágico que hace que ese momento de ilusión, adquiera sentido y valor. Esta particularidad convierte al teatro en un arte efímero por naturaleza, porque dura lo que dura la representación. Tal vez, una vez bajado el telón, queden los fantasmas de los personajes que desfilaron por la escena, riendo o sufriendo, porque han vivido mil vidas y han sufrido mil muertes, y si esto no es verdad, podríamos decir que esos fantasmas forman parte de la poesía, pilar fundamental del arte escénico.
Gracias a todos los que han integrado alguna vez nuestro elenco. Gracias por su trabajo, por su entrega, por los momentos felices y de los otros que hemos compartido, porque forman parte de la vida.
Dijo el gran Charles Chaplin: “La vida es una obra de teatro que no permite ensayos; por eso, canta, ríe, baila, llora y vive intensamente cada momento de tu vida... antes que el telón baje y la obra termine sin aplausos.
Hugo Sergio Ultra