Es extraño. Hace cuatro años Jair Bolsonaro tenía menos de 500.000 votos y ha superado en la actualidad la perspectiva de los 50.000.000. Se atribuye a la decadencia de la democracia y al hartazgo sobre la inseguridad, la extraña actitud de la mayoría de los brasileños que hasta no hace mucho tiempo defendían a Lula cuando la Suprema Corte le sentenció a prisión.
Se asegura que el candidato de la derecha (quizá por el mismo camino de Trump) le supo hablar a mayorías silenciosas y desencantadas que cuando se expresaron llenaron de sorpresa los resultados de la primera vuelta.
Es raro también que en un contexto donde por lo general las perspectivas electorales en los países vecinos son vistas con el paréntesis de no anticipar juicios, lo de Brasil ha levantado opiniones tan tajantes que no sólo se circunscriben a la izquierda.
Todos se cuidan de no hablar bien de Bolsonaro atribuyendo la decisión de la opinión pública brasileña a un descrédito y decepción tan grande que se fueron casi de un día para el otro al extremo opuesto.
Uruguay que tiene en Brasil el segundo nicho de sus exportaciones, se ha jugado políticamente por una censura pública que no ahorró calificativos.
Cuánto puede costar en relaciones comerciales si Bolsonaro (como se dice) reacciona con furia al estilo Trump, es una pregunta cuya respuesta no demoraremos en conocer.
Lo único seguro es que Bolsonaro será Presidente y que Brasil iniciará un nuevo tiempo en el liderazgo de América.