No podemos decir que da lo mismo, pero tampoco que no duele. Es deporte, es un juego, pero también lo entendemos como una causa nacional. Perder nos ha dolido siempre.
En 1954 en Suiza, Uruguay fue cuarto y fue un velorio porque venía de la gesta de Maracaná cuatro años antes; en 2010 Uruguay fue cuarto y fue una fiesta. Todo ha dependido de cuán alta esté la vara de las expectativas.
Quizá la mayoría no tenía idea clara de la potencialidad de Francia, pero en la cancha el resultado se resolvió por fallas en los sectores más fuertes: una defensa que por arriba era casi imposible llegarle y un golero que empezaba a opacar la memoria de Mazurkiewicz. A veces se da, que el rival encuentra el camino por donde menos se lo espera.
Tabárez dijo que duele pero ni siquiera tenemos el derecho de ser dramáticos porque quizá nuestra realidad es ésta y en esta oportunidad no la pudimos superar. Venimos de una historia excepcional que casi ningún país ha podido igualar.
En esa historia hemos basado nuestra cultura pasional, que seguirá viva cada vez que Uruguay vuelva a salir a la cancha. Soñaremos con una revancha en cada nueva competencia. Y tenemos derecho a confiar.