La valiosa biblioteca y carpetas de investigación pertenecientes al profesor Manuel Santos Pírez, ya tienen su lugar en el Centro Histórico y Geográfico de Soriano.
Tras meses de trabajo, anoche se habilitaron tres salas que contienen los libros y demás documentos donados por sus hermanas Alba y Selva, quienes entendieron que todo el acervo que por años reunió Manuel, debía quedar en Soriano.
Mucho público se hizo presente en el patio central del Centro para participar de la sencilla ceremonia donde se recordó al profesor e historiador con anécdotas, historias y hechos en los que tuvo siempre su participación.
El presidente del Centro Histórico, profesor Omar Smaldone, mencionó que ésta ha sido la primera etapa del traslado de la biblioteca para lo que hubo que cumplir con diversas gestiones, convocándose incluso a los socios y vecinos de Mercedes.
Tuvo palabras de agradecimiento para la Intendencia, Ministerio de Cultura, Casa Arrieta y sus funcionarios, como así también a Olga Segurola e Isabel Macri, quienes estuvieron en la última parte que consistió en ordenar todo el material que integra esa biblioteca.
Señaló que la segunda etapa que llevará adelante el Centro será la construcción de la biblioteca definitiva que se ubicará en todo un predio situado al fondo del edificio.
Tuvo palabras de agradecimiento para el gesto de las hermanas de Manuel, expresando que asumen el compromiso de cuidar todo ese material para que no se pierda, porque esa sin dudas -agregó- era la mayor aspiración de Santos Pírez.
Se dio lectura a una nota enviada desde Río Negro por el Profesor René Boretto quien expresó su alegría de que esa gran biblioteca que tiene tan rica información, hoy esté al cuidado del Centro Histórico y al servicio de todos.
La profesora Dra. Hebe Castro hizo su aporte sobre cómo era Manuel en su faz docente, como vecino, historiador e investigador. Compartieron varios años de labor y también experiencias con estudiantes y otros docentes que sin dudas son un recuerdo imborrable para todos aquellos que participaron.
Sus primeras palabras fueron de reconocimiento para el gesto de Alba y Selva quienes se desprendieron de toda la biblioteca que perteneció a su hermano, que tiene un valor muy grande y a la prueba está que dos días después de su fallecimiento, una editorial desde Buenos Aires se ofreció para adquirir algunos de los documentos que ésta contiene.
Recordó que en la década del 60 comenzó a trabajar junto a él en el actual liceo Nº 2 y comenzó a contar anécdotas que pintan la forma de ser del docente fallecido que siempre, desde su niñez, tuvo ese espíritu de investigación, sabía todo y logró en todos sus años tener la historia de familias enteras vinculando a unos y otros a través de esa consulta constante que mantenía con todo aquel con quien se encontraba.
Afirmó que “Manuel era un memorialista, una fuente infinita de información y como historiador, gran parte de sus trabajos están en la Revista Histórica de Soriano. No había casa que no le interesara y siempre vinculaba una familia con un hecho u otro, tejiéndose así las historias que hoy son parte de la sociedad de Mercedes”.
Mencionó a los profesores Telésforo Book y Daniel Schewgler como sus dos grandes amigos, recordando también las confrontaciones que tuvo por temas históricos con el profesor Washington Lockhart.
Manifestó que era una persona con un gran sentido del humor, nunca se lo veía enojado, estaba siempre a disposición de niños y centros de estudios para responder todas las consultas que deseaban hacerle y en las mesas de exámenes era quien recorría las bancas aconsejando a los estudiantes cuando alguna respuesta estaba mal y siempre tenía alguna palabra de aliento para aquel que perdía alguna prueba.
“Era un profesor que escuchaba a los alumnos, teniendo un grado de comunicación muy grande con ellos. Prestaba los libros a quienes no los tenían, brindándose al otro sin retacear información”.
Contó una de las anécdotas que considera más lindas vinculada a un viaje que realizaron junto a 20 alumnos en el año 64 en el marco del bicentenario de Artigas. Relató lo que les ocurrió en todo el recorrido y para ello contó con el aporte de Hermelinda Salvini y Sergio Smaldone, quienes integraron esa delegación de alumnos.
“No creo equivocarme al afirmar que esta ciudad, Mercedes, tiene su memoria y esa memoria es Manuel”.
Finalmente, su hermana Alba tuvo palabras de agradecimiento y recordó diferentes momentos de la infancia de él, señalando que desde niño lo que más le atraían eran los libros e incluso era lo que pedía de regalo, comenzando desde temprana edad a conformar una biblioteca que fue creciendo a través de los años.
Dijo que a la escuela fue a los 7 años porque su mamá no quería que se lo criaran las maestras y fue ella quien le enseñó a leer y escribir. Siempre tuvo interés por conocer lo que pasaba en el pueblo y salía con un vecino, Juan Zefferino, quien le contaba sobre el barrio y casa por casa le iba indicando a que familia pertenecía y las diferentes historias que con el paso de los años, su hermano continuó investigando.
Recordó que era común que en su casa sonara el teléfono prácticamente a diario luego de las 7 de la mañana porque alguna mamá, abuela o tía, llamaba para consultar sobre datos históricos que habían solicitado para los deberes escolares. “Las respuestas de mi hermano me las guardaba porque sabía que en la tarde había otros que llamarían por el mismo tema y entonces era yo, la que contestaba”.
“A él le encantaba ayudar a todo el mundo, prestaba mucho material, les hacía fotocopias, nunca tuvo pereza en responder todas las preguntas que le hacían, en muchos casos sin consultar los libros, porque recordaba los hechos y datos más importantes.
Como hermano lo admirados mucho, siempre tenía tiempo disponible para todos y todos lo querían”.