Las imágenes del traslado de Lula quedaron para siempre en el recuerdo de la opinión pública por tratarse de un episodio histórico. La tensa espera rodeada de incertidumbre, terminó sobre las 19 cuando después de un autobloqueo de sus propios partidarios, el ex Presidente subió a un vehículo que lo trasladó al aeropuerto de Congoghas para abordar por vía aérea el viaje a Curitiba.
Los hechos pueden mirarse desde dos ángulos diferentes: para unos la caída de un ícono de la izquierda latinoamericana y para otros el martirio de un gobernante jaqueado por fuerzas combinadas de altísimo poder.
De cualquier manera no es menos cierto que habrá un antes y un después de Lula Da Silva y que la historia de este fenómeno político está lejos de haber terminado.
Una celda de quince metros cuadrados y un régimen que sólo le permitirá una salida de dos horas por día al patio, implican el increíble final de un hombre que lo tuvo todo y que así como subió al más alto nivel que un político puede soñar, cayó a lo más profundo de la humillación humana.
Sean cuales sean las razones justas o no del encarcelamiento, América y el mundo asisten a un hecho que quedará en el recuerdo durante décadas por las dimensiones sociales, políticas y económicas que conlleva.