Rocca, quien nació en Perú, siente un gran cariño por la celeste de Uruguay y por el país por todo lo que le inculcó su padre. En visita a nuestro país llegó hasta Mercedes para estar con parte de su familia, ya que al estar retirado tiene más tiempo -indicó- para disfrutar de todas estas cosas. Tiene 64 años, es muy parecido a su padre, reside en Napa (Estados Unidos) y trata de volver al país siempre que le es posible.
Recordó que “cuando niño mi padre me decía que Mercedes era la capital del mundo y que la celeste era lo mejor que hay. Recuerdo que cuando mi padre era entrenador de la selección mexicana de ciclismo y llegaba la selección uruguaya a este país, en los diarios se publicaban noticias donde se hacía sentir la molestia porque mi padre pasaba más tiempo con sus coterráneos, que con los mexicanos. Fue así que conocí a muchos ciclistas de otras épocas como Etchebarne, Timón, me hice muy buen amigo de ellos, los vi competir y cada vez que se entonaban las estrofas del Himno uruguayo mi padre se emocionaba con su mano en el pecho. Son recuerdos muy vivos que me acompañan siempre y por eso, cada vez que juega la celeste siempre soy uruguayo.
Me siento orgulloso de mi padre, era un gran deportista, se fue muy joven a los 50 años y tenía un cariño muy especial por Uruguay. Me hubiera gustado conocerlo más, por eso llego a Mercedes para conectarme con esa parte que yo no conocí porque tengo los recuerdos de mi niñez, pero me hubiera gustado tenerlo como adulto y disfrutar juntos estas recorridas.
Para mí es muy emotivo ver que el velódromo lleve su nombre, la estatua que le recuerda y le gusta que en ese lugar haya espacios para los deportistas y me siento orgulloso de que los deportistas compitan en un lugar que recuerda a mi padre.
Mercedes es una ciudad muy bonita, tranquila, la disfruto cada vez que llego, me siento orgulloso de ser su hijo y de sentirme muy uruguayo”.