Algunos de ellos la preparación de lo que será un futuro viaje hacia algún país donde desarrollarán la tarea de acompañar y vivir una instancia muy importante en sus vidas.
El Padre Hugo Espinosa, como encargado del voluntariado, destacó que “a este grupo de jóvenes se le han sumado cuatro brasileños que están viviendo la experiencia. Son mayores de 18 años que desean seguir compartiendo la dimensión misionera y prepararse para estar un año como voluntarios en diferentes países como puede ser Brasil, Ecuador o Angola, como así también dentro del propio Uruguay.
Los misioneros muchas veces llegan al grupo porque son captados por algún educador o salesiano que ve que el chico tiene ‘mucha pasta’ porque el corazón misionero se muestra en la casa salesiana mientras están estudiando y otros conocen la propuesta y solicitan ser aceptados.
Existe una instancia de preparación con vida comunitaria, de sacramento, de adoración y la experiencia de misión que se hace en enero durante 15 días visitándose diferentes puntos del país.
Creemos que para quienes participan hay un cambio sustancial luego de compartir la experiencia con otros porque viven situaciones diversas con la gente, con la fe, maduran y encuentran situaciones a las que deben adaptarse porque en la mayoría de los casos la misión anual la cumplen fuera del país. Ven realidades muy fuertes pero también conocen el cariño de quienes les esperan con los brazos abiertos con la esperanza de compartir cada momento”.
Juan Pablo Reyes retornó recientemente de Angola y destacó principalmente a una sociedad “familiera” que lo recibió como un integrante más. “A la gente mayor se la llama por mamá y papá y a los demás se les dice tío y ellos en todo momento me trataron un hijo lo que te marca la importancia que tiene para ellos compartir el día a día. La realidad que nosotros vemos desde aquí es diferente y lo que sí debemos reconocer es que hay mucha pobreza, necesidades, pero ellos pasan cada momento con una alegría y un deseo de vivir que es admirable. Es un pueblo que tiene una gran confianza en Dios”.
Agustina Elverdin estuvo en Macas, una pequeña ciudad de Ecuador donde sintió desde su arribo la alegría de la gente con un recibimiento muy especial.
“Cuando me fui pensaba en todo lo que podía dar para ayudar a la gente, pero en realidad al retornar me traigo muchas más experiencias y vivencias de las que uno pensaba. Todo esto me permitió cambiar mi enfoque de la vida porque estaba estudiando para Contadora, pero ahora comencé a estudiar Magisterio. Esta profesión siempre me gustó pero no me animaba y muchas de las realidades que vi en Ecuador me hicieron cambiar mi camino, por lo que estoy muy satisfecha. En ese país también descubrí la libertad de seguir a Dios, lo incorporé a mi vida y seguiré por ese camino”.
El 31 de este mes Nader Torena tendrá su pasaje sellado para llegar a Ecuador a la ciudad de Esmeraldas, permaneciendo un año en la comunidad de San Felipe Nery. Explicó que uno de sus cometidos será estar presente y atento a las necesidades de la comunidad. Le interesa mucho conocer su cultura, teniendo la voluntad de adaptarse a lo que quiera ese pueblo. Reconoció que son experiencias que a cualquiera le mueven el piso y espera volcar mucho de lo que aprenda a su retorno.
Otra de las misioneras es la mercedaria Lucía Malán quien viajará a Angola. Por un año hará un impasse en su carrera en la Facultad de Medicina donde cursa 5º año y espera captar muchas experiencias para luego acercarlas a Uruguay. Manifestó que su familia la ha acompañado desde el primer momento y cuando les anunció que iba a ingresar al voluntariado la primera pregunta fue ¿cuándo me iba?.
Se han sumado en todo el proceso de preparación y Lucía va con la mente abierta para absorber todo lo que más pueda de esta experiencia que será única, sabiendo ya que en Angola se vive la fe de una manera muy fuerte.