"Dolor y vergüenza" por los abusos sexuales de la iglesia chilena fueron expresiones referidas a los escándalos y la inacción de la cúpula eclesiástica que han perjudicado fuertemente la imagen de la iglesia en el país visitado por Francisco. Desde su primer discurso el Papa quiso entrar de lleno al asunto más delicado de su visita a Chile al expresar que "no puedo dejar de manifestar el dolor y la vergüenza ante el daño irreparable causado a niños por parte de los ministros de la iglesia".
La Presidenta Michelle Bachelet y su sucesor Sebastián Piñera siguieron con atención las palabras del pontífice, mientras el caso Fernando Karadima sobrevolaba la escena recordando al sacerdote condenado por abusos prolongados a adolescentes de familias muy conocidas y tradicionales de Santiago. El 38% de los chilenos dice que no sigue a ninguna religión, un extraño récord en la región de América.
La misa en el Parque O'Higgins tuvo una presencia de 400 mil fieles y luego la comitiva recorrió varias avenidas de Santiago hasta dirigirse hasta el centro de reclusión femenina donde sostuvo que la sociedad tiene la obligación de reinsertar a todas las mujeres presas.
Janeth Zurita, una morocha de ojos azules y 35 años, fue la elegida para hablar ante el Papa en nombre de los demás presos en uno de los momentos más emotivos de la jornada. Al responderle Francisco dijo que "estar privadas de libertad no es sinónimo de pérdida de sueños y de esperanzas, en realidad, todos somos pecadores y si alguno no tiene pecados, que levante aquí mismo la mano".