No caben palabras para expresar la sensación que ha provocado la sorpresiva partida de Martín Herrero. Su persona afable, y respetuosa cruzaba caminando todos los días, más de una vez la ciudad entera, para atender sus compromisos laborales con el aliciente de hacer un trabajo que amaba.
La serenidad de sus actos le permitían la perfección del resultado tanto en el trabajo artesanal de la madera, como en el periodismo deportivo. De la mano de Orlando Fiorelli y de los secretos de la carpintería tuvo logros que apreciaron todos cuantos le vieron trabajar. Su mayor satisfacción no estuvo en la retribución monetaria sino en el placer de calzar la última pieza de un mueble y contemplar el resultado. Esa misma exactitud la llevó a las actividades deportivas como delegado e integrante de delegaciones en épocas altamente exitosas en el ámbito juvenil especialmente en 1987 con logros nacionales.
Y cuando incursionó de lleno en el periodismo deportivo surgieron de su Libro Gordo cientos de datos, anécdotas y fechas extraídas de esa caja fuerte del deporte que sintetizó resumiendo millones de minutos de juego. Pero además de su preocupación por el dato exacto que a veces exige horas de búsqueda tuvo la mayor virtud: ceder a sus colegas una información que suele movilizar los celos. Esa generosidad bien entendida lo hizo rodearse de afectos. Era en síntesis, un buen hombre que en su último minuto de vida iba camino a la cancha; una ironía del destino que no terminamos de entender.
Las puertas de nuestro Diario estarán cerradas hoy hasta el mediodía a efectos de concurrir a las 9:30 junto a su féretro a la sede de Con los Mismos Colores y de allí al acto del sepelio a las 11 horas.
A su esposa hijas y demás familiares, nuestras expresiones de hondo pesar en este momento de tribulación.