La sonda Kosmos 482 se precipitó finalmente a tierra, después de 53 años girando en una órbita terrestre. La caída después de cinco décadas que siguieron al fallido intento por llegar a Venus, fue seguida con interés por numerosos científicos.
Había sido lanzada el 31 de marzo de 1972 como parte del programa Venera de la Unión Soviética, que debía estudiar la superficie y la atmósfera del planeta Venus.
Un fallo en la cuarta etapa del cohete propulsor impidió que la nave alcanzara la velocidad necesaria para escapar de la gravedad, por lo que terminó siendo irrecuperable. La nave permaneció activa durante unas horas antes de descomponerse en partes y sus fragmentos cayeron a la Tierra aunque la cápsula de descenso, el componente más robusto, giró alrededor del planeta de forma silenciosa constantemente vigilada durante medio siglo por un reducido grupo de agencias especializadas.
El regreso definitivo se produjo ayer a la madrugada cuando la cápsula cayó a unos 560 kilómetros al oeste de la isla Andaman en el Océano Indico.
No hubo testigos de su caída en la que algunos pronostican al oeste de Australia y otros cerca de la India o Indonesia, pero lo cierto es que se precipitó en el Océano Indico.
La Nasa había advertido días antes del impacto y que era poco probable que algunos fragmentos tocaran tierra sin desintegrarse por completo.
Grandes ciudades como Nueva York, Pekín o Londres estaban dentro de la franja de impacto, por lo que la inquietud aumentó al saberse incluídas en la denominada zona roja, una franja potencialmente distribuida entre varios continentes.
El Kosmos 482 llevaba a bordo una carga científica que nunca llegó a utilizarse. Su equipamiento incluía instrumentos para estudiar flujos de partículas espaciales y sensores para calcular temperatura y presión atmosférica de Venus.