Las llamas de más de 20 metros que se elevaron por encima de las fincas linderas complicaron la vida de los vecinos de la manzana céntrica en que estaba emplazado lo que quedaba del icónico Cine Rex Theatre que durante décadas fue el punto obligado de la noche de la sociedad mercedaria. La policía hubo de alertar casa por casa a los vecinos de las calles Giménez y luego Ituzaingó para que se pusieran a cuidado, después que los pasajeros del Hotel Brisas habían sido conminados a abandonar sus habitaciones por el riesgo del humo. Eran los últimos minutos de un martes 13 que será recordado por muchos. Sobre la una de la madrugada todo el techo se había derrumbado, gracias a que el piso de tablas de pinotea generaba un calor arrasador.
El combate duró toda la noche y aún ayer a la mañana el humo persistía mientras las pericias técnicas procuraban establecer en que parte había comenzado el fuego.
El complejo, cuya arquitectura señorial lo hizo candidato a instalar allí el nuevo edificio de la Junta Departamental entre otras iniciativas, no valía en la actualidad más que su ubicación y terreno, pero las ofertas de compra nunca prosperaron. Fue así que con los años se transformó en un verdadero basurero donde las ratas, palomas y murciélagos no fueron los únicos habitantes naturales: en realidad los ocupantes más molestos fueron grupos marginales que se las ingeniaron para sortear los esfuerzos para impedir el acceso. Una reja, colocada como alternativa fue fácilmente burlada, y en un intento por encender fuego se extendió a una de las puertas quedando destruida y por consecuencia sustituida por una pared. En su interior (y con vista a la calle) varios marginales colocaron sus colchones además de irse llevando los elementos que estaban a la vista. Años de desidia desafiaron las quejas de los vecinos. Ni los propietarios, ni la policía, ni la justicia, ni la fiscalía, ni la intendencia le encontraron la vuelta y allí quedaron en varias oficinas las denuncias de algo que iba a ocurrir incluyendo las chapas del techo con riesgo de volar en cualquier viento fuerte. En nuestras páginas publicamos las protestas estériles de quienes durante años debieron luchar contra la proliferación de alimañas y la suciedad del entorno conscientes del desprecio hacia aquellos que compartiendo la zona se han esforzado por construír sus fincas en esa misma manzana.
Ahora? Ahora solo queda saber quién pagará las consecuencias y los gastos que sigue generando un basurero a cielo abierto en pleno centro de la ciudad.
Duele además, cuando quienes conocimos las épocas de oro mantenemos el recuerdo vivo de las noches de estrenos, las matinees y los miércoles destinados a niños y jóvenes, el negocio próspero de una empresa que pasó por varias manos y que solamente pudo ser derrotada cuando la industria del cine sucumbió. El olor típico de su sala, el audio de las sinfonías que predecían cada función, la concentración del público antes y después de cada jornada y los chocolatineros en la vereda formaron parte de un paisaje que para los vecinos fue común. Aquello que pudo cerrarse con la transformación del edificio restaurando su fachada señorial quedó en la nada. Como tantas cosas que ocurren cuando no hay amor por el patrimonio.