res sociales siguen insistiendo en que es necesario "ayudar" a reclusos después que éstos han cometido vandalismos difíciles de digerir, el comercio "Monalisa" ubicado en la rambla sufrió su 16º robo y daño. El propietario Ruben Martínez Larramendi, dio a conocer su estado de ánimo en un escrito que compartimos de principio a fin.
"Estimado socio del delito y querido Estado uruguayo:
Les escribo porque ya perdí la cuenta si ésta fue la visita número 16 o la 18 a mi restaurante. A esta altura son clientes frecuentes; la única diferencia es que entran de noche, no gastan un solo peso, se manotean las botellas, destrozan todo a su paso y me dejan una cuenta carísima en vidrios rotos y arreglos en vez de dejar propina.
Quiero felicitarlos por el modelo de negocio, porque es brillante. Uno acá no labura ocho ni doce horas: como responsable del negocio uno vive metido adentro del boliche, remando contra las tarifas de UTE, las de OSE, el BPS, la DGI, los anticipos y los aportes patronales. Uno deja la vida y la salud trabajando para sostener un negocio… y el Estado, con una ternura fiscal conmovedora, nos exprime hasta el último peso para garantizar que al que viene a desguazarme el local nunca le falte nada.
Porque esa es la magia de la redistribución criolla: con los impuestos que me arrancan a mí, les bancan los subsidios mientras planifican el próximo golpe. Y en el milagro de que terminen adentro, también les pagamos el techo, la comida y la estadía completa.
Pero el verdadero aplauso de pie se lo lleva el premio de egreso. Qué belleza que ya esté firmado el convenio entre el MIDES y Vivienda para garantizarles subsidio al alquiler y soluciones habitacionales apenas pisan la calle, sumado a las tarjetas de apoyo económico. El laburante pasa 30 años ahorcándose con una cuota hipotecaria o remando para pagar un alquiler sin atrasarse un día. Pero si salís del penal después de hacer mierda el esfuerzo ajeno, te reciben con alfombra roja, subvención para la casa y platita del Estado en el bolsillo.
Así que muchachos, la próxima vez no se molesten en romper nada. Me avisan, les dejo la llave abajo de la puerta y les aparto las botellas en una bolsa. Total, entre el Estado que me despluma de día con número de RUT y ustedes que me hacen pedazos el boliche de noche con subsidio asegurado a la salida, los únicos giles que seguimos pagando toda la fiesta somos los que cometemos el delito imperdonable de vivir trabajando".