¿Hay algo que se pueda agregar a lo ya dicho sobre los episodios del lunes?
Difícil, porque solo se trataría de nuevos calificativos como vergüenza ajena, decepción e impotencia ante el desconocimiento y el agravio a una institución creada para el debate de ideas y el aporte de herramientas destinadas a forjar la felicidad de los vecinos.
Cuando las Juntas Departamentales se crearon en los 19 departamentos, derivaron de la primera Constitución en 1830 esta vez como Juntas Económico Administrativas integradas por vecinos que recién 88 años después se transformarían en lo que hoy son. Pero fue la pérdida de sus potestades la que hizo valer su trascendencia, cuando el autoritarismo cesó a sus integrantes expulsándolos sin más razones ni explicación.
En la misma sala donde el lunes a la noche discurrieron actos ridículos, se escucharon a las 7 y media de la noche del 28 de junio de 1973 memorables discursos lamentando el abuso y deplorando la imposición por la fuerza. Con el retorno de la democracia una serie de fotografías encuadraron las imágenes de quienes ocuparon las presidencias aunque en realidad muchos otros que no están en las fotos dejaron frases memorables. Con los años no todo fue virtud. También hubo episodios para el olvido porque las Juntas Departamentales en general se nutren de vecinos electos en un juego de sistemas que también tiene sus trampas y que no siempre termina poniendo en sus escaños a los mejores.
El intelecto promedio de la sociedad también ha estado descendiendo y no es difícil encontrar en cargos de responsabilidad a personas poco formadas que no por ello carecen de buenas intenciones. Pero ahí está el problema; porque en su afán de querer hacer golpean, faltan el respeto, agreden y creen que es viveza “hacer calentar al otro” como cuando estábamos en el liceo.
Pero una Junta Departamental no es un patio de adolescentes, ni un campito de fútbol,ni un boliche donde la chanza, la travesura y la mojadura de oreja es festejada por el grupo. La Junta es un centro de gobierno desde donde deben fluir proyectos de leyes, normas de convivencia y controles inspirados en el bien común. Pero cuando el afán de revanchas deja atrás la construcción democrática sucede lo que hemos visto.
Lo del lunes no dejó nada después de 6 horas de improvisación. Ni una parte ni la otra estuvieron a la altura requerida. Una, tratando de lograr a través de la sorpresa descolocar a los promotores del llamado. La otra tratando de salir del paso sin hacer respetar los propósitos de la interpelación que no era dirigida al “intendente” sino al Sr. Besozzi. Alguien debió iluminarse a tiempo y tomar la palabra para exigir el derecho de hacerlo y negarse por lo tanto a improvisar porque la ley lo respaldaba. Tímidamente se intentó un cuarto intermedio para ensayar una estrategia, pero el voto contrario lo impidió. De allí en más comenzó la vergüenza, entre preguntas imposibles de responder y ensayos propios de quién con razón no podía tener la información requerida. La mayoría optó por abandonar el seguimiento de la sesión. No daba para más.
Detrás de una noche para el olvido queda demostrado que el encono se ha impuesto entre las dos partes. Con el tiempo, las revanchas, las manijas y los pases de factura han separado a los protagonistas más allá de lo necesario. Se notó que algunos no pasaron de la escuela primaria, lo que no es un demérito en sí mismo pero gobernar es otra cosa. Triste.