Cada vez que un sector de gobierno convoca a otros para actuar de acuerdo a lo que está exigiendo el mundo, la respuesta es no. En realidad, ese NO se suele disfrazar de argumentos como para sacarle el cuerpo a una responsabilidad que nadie quiere tomar con decisión y además ha sido mejor que el gobierno de turno cargue con la culpa de todo lo malo.
El delito se ha instalado de modo intolerable, no sólo por hechos gravísimos como el del domingo de madrugada sino en los pequeños ejemplos de cada día, vistos en todos los barrios, en todas las ciudades, en todos los pueblos. La moral se ha venido al suelo y en su lugar se instaló el absurdo de que a punta de cuchillo, de pistola o de metralla es como unos cuantos se abren paso.
Cuanto más salvajes más premio se logra; cuanto más violencia, más temor se genera y más cómodamente se avanza.
La parálisis que los poderes públicos exhiben no es casual. No es que la clase política no se sienta capaz de elaborar leyes transformadoras para erradicar a los delincuentes. Es que el miedo explica el dejar para mañana resoluciones que al final tendrán nombre, apellido, sector, y partido político. De este lado, del lado de la opinión pública y del periodismo todos somos valientes a la hora de proponer sanciones, cárceles, allanamientos y represión, pero acá no hay Bukeles más que en la fantasía de algunos. En cambio los narcos son mucho más prácticos: responden a sus reclamos a punta de pistola sin medir consecuencias ni siquiera las suyas.
Entonces, lo que venimos leyendo en las cuentas de Internet son declaraciones que en su esencia incluyen una expresión de deseo, pero que en el fondo implican vacío de contenido. Y además, la politización que se viene haciendo de algo tan dramático como lo que nos está ocurriendo desnuda un costado todavía más burdo de algunos dirigentes. Participar de una reunión, deslizar conceptos sabidos y vanos y creer que con eso estamos cumplidos no hace más que mostrar el lado flaco de las personas.
La Fiscal elegida como blanco de este ataque ha mostrado ¡esa sí! su disposición a ejercer el cargo con el coraje que la hora le reclamó. Ella misma está adelantándose a un futuro cercano donde los blancos serán familias, niños, secuestros y más violencia y ha puesto en juego su cuero.
La reacción que por ahora no viene (ni se ve), necesita mucho más que palabras emotivas.
Hasta ahora que sepamos no hay un solo llamado a la reacción efectiva, empezando por aquellos que pintan de valientes, pero que se quedan en el discurso, esperando la hora que empiezan los informativos de la televisión.