La mejor forma de perder es cometer tanto errores garrafales como sea posible. Entre lo que puede explicarse como falta total de asesoramiento o en otros términos desesperación, el manotazo del candidato Delgado dejó sin palabras a los blancos y también a los que venían tratando de entender el discurso del candidato blanco como la forma más práctica de encontrar una continuidad a la gestión del presidente Lacalle que se mantiene en altos índices de aprobación. Delgado nunca fue buena opción por lo menos opción cantada pero se autoatribuyó experiencia en la cocina del gobierno, allí donde se aprende si uno está decidido a poner empeño y atención.
Pero cuatro años después de que Daniel Martínez derrapara al designar para su fórmula a la persona equivocada ( y así le fue), Delgado camina por la misma vereda. Y es más: no solamente dejó por el camino a una mujer fuertemente representativa que se caminó todo el país y quedó sobre el escenario con una expresión congelada que lo decía todo, sino que después de más de un año de explicarle a la gente que el camino de la izquierda es el equivocado, Delgado se abraza de esa representante de la izquierda valorando su “lucha de siempre por las causas sociales”. Y no es que las causas sociales estén mal; lo que está mal es que no salgan del corazón del candidato.
La política siempre ha estado sembrada por episodios con olor a traición y suciedad, pero allá aquellos que actuaron en el pasado con esas prácticas que no es necesario repetirlas ahora como si fueran ejemplo de algo.
Si Raffo venía siendo cuestionada (el senador Gandini es un claro ejemplo) y si se perfilaba que podría llegar a ser posible un retoque, entonces era otra la estrategia, para irle insinuando a los votantes que las fórmulas pueden no surgir del cálculo directo de acuerdo al orden decreciente de los apoyos logrados en las urnas.
Pero Delgado los dejó muertos a casi todos. Falta saber qué asesores y en base a que mirada se aconsejó sacar de la galera a una recién llegada cuya fama combativa aparece ahora como una única virtud. Si se la pensó para tener un plan B a la Intendencia de Montevideo en caso de perder el poder nacional, habrá sido en todo caso una segunda puñalada a Raffo capaz de borrarle la sonrisa de mujer optimista con la que pateó el Uruguay localidad por localidad. Si se la pensó como recolectadora de votos en la izquierda inventando un invitado nuevo en la coalición, entonces las convicciones filosóficas en Delgado están flaqueando y es gravísimo.
El presidente, que por su condición está detrás de todo, y nada se decide sin su aval, tuvo seguramente su papel.
Saber cual fue su mirada sobre este punto , cómo lo procesó y porqué razón terminó convencido de decir que sí, es la gran interrogante que aflige a la mayoría de los blancos. ¿Hay en realidad desesperación? Bueno, si la había lo que viene es peor porque hoy por hoy Orsi tiene servido en bandeja el triunfo y tendrán que ocurrir muchas cosas como para que esta tendencia preliminar de las internas se pueda revertir. Tirón de orejas para Delgado y para aquellos que trazaron este plan. Simplemente porque estas cosas NO SE HACEN.