Hasta donde se ve, la postura de la oposición aparece como dañina, malintencionada e irresponsable respecto de negarse a votar la Rendición de Cuentas para los próximos años. Por Rendición de Cuentas se conoce un planteo de dos partes: la que le da su nombre que es un informe sobre el cumplimiento de lo dispuesto para el año previo en materia de ingresos y egresos del Estado; y la otra que es la propuesta de cambios para el año siguiente. Si no hay aprobación en general, no se abre la discusión acerca de la segunda parte.
En materia de números, la Cámara de Diputados tiene 99 legisladores, por lo que el oficialismo necesita 50 votos para aprobar el proyecto. El Frente Amplio cuenta con 48, mientras que blancos, colorados e independientes suman 47. A su vez, Cabildo Abierto e Identidad Soberana tienen 2 legisladores cada uno y cualquiera de los dos que decidan apoyar le dan a la izquierda la mayoría.
Pero más allá de que por lo general la sangre no llega al rio, lo que importa son las actitudes: oponerse al funcionamiento del gobierno con tal de que le vaya mal trae como consecuencia la decepción de aquella parte de la opinión pública que no tiene un balde en la cabeza, y que desearía que las diferencias se planteen en otro ámbito como por ejemplo convenciendo.
Esa parte de los uruguayos que votan a conciencia se viene defraudando al escuchar explicaciones vacías y fanáticas. Como en la oposición no son todos los dirigentes que actúan así, resultó sorprendente la foto en la que (buscando una imagen de unión) aparecieron algunos legisladores que se han caracterizado por su trayectoria ecuánime, altruista e integradora, y que jamás se esperaba mezclados con la irracionalidad, como si de algún lado hubiera salido una órden superior imposible de desobedecer.
Tiene que haber un argumento, y al buscarlo, se nos ocurre que puede tratarse de un intento de ultimátum buscando intimidar al gobierno, con la mano en la marcha atrás. Obvio es que el propósito del arco opositor es el freno a las habilidades del adversario, pero de ahí al suicidio de todos hay mucho trecho.
Del análisis crítico que el periodismo ha venido haciendo de este episodio, surge con absoluta claridad que salvo intencionalidades nadie ha estado de acuerdo con semejante escena, dado que aún en el caso de que haya una marcha atrás, la oposición no saldrá bien parada.
Lo más probable entonces es que se ha tratado de un intento que salió mal y que volverá a poner a los inventores de la idea en la mira acusatoria de sus propios compañeros de ruta y ni que hablar en el resto de la opinión pública.